Lic. Ignacio Medina Caraveo
Colaboración para la revista Actualidad Empresarial
20 de enero de 2010
Gasto es el egreso o la partida contable que disminuye el beneficio o aumenta la pérdida de una entidad, es un componente negativo de un balance económico. La inversión, en cambio, es la asignación de recursos con el objeto de tener un beneficio, es la colocación de medios financieros en un proyecto productivo (que genere rentabilidad o ganancias).
Se gasta cuando el recurso empleado no genera beneficios de ninguna especie, es cuando se emplean bienes sin una retribución con valor mayor al original.
En muchas empresas con gran capacidad de ahorro se ha descubierto que el jefe de seguridad en el trabajo es esa persona con gran capacidad para imaginar interminables listas de equipos, modificaciones a la estructura, instructivos y procedimientos, que no son componentes directos de la producción y afectan sistemáticamente los flujos de efectivo retrasando la adquisición de materiales y factores que inciden en el producto.
Esos soñadores, que siempre proponen gastos a la empresa, son expertos en encontrar en libros de dudosa y extraña procedencia, lineamientos, normas y reglamentaciones que entorpecen la generación de bienes solicitando aditamentos estorbosos e inventando pasos que generan retrasos en la línea de producción.
Tenga cuidado. Usted gastará en seguridad cuando:
- Adquiera equipo de protección personal que sus almacenes guardarán indefinidamente porque los empleados no encuentran su funcionalidad (esto último tiene muchas causas; como ser estorbosos, no estar de moda, requerir llevarse y conservarse en buen estado, no tener dónde guardarse, e ir más allá de la vestimenta estrictamente necesaria para sentirse a gusto).
- Establezca procedimientos e instructivos que demanden un seguimiento disciplinado de engorrosos pasos que resultan excesivos, parecen instrucciones para retrasados mentales y solo constituyen actividades que no contribuyen a hacer rápidamente el trabajo para lo que se contrató a los empleados (por ejemplo, establecer límites de velocidad para montacargas y automóviles dentro de la planta, registrar listas de verificación para el encendido de maquinaria, reportar reparaciones en maquinaria que “son responsabilidad exclusiva del departamento” y cando “solo se va a detener por tan corto tiempo que nadie lo va a notar”, o apagar celulares -hoy en día no se puede vivir sin ellos- y desconectar equipos para vaciar una sustancia de la que “se domina todo su manejo y se realiza todos los días sin que nunca pase nada”).
- Establezca pasillos y delimite áreas que solo provocan rodeos innecesarios cuando “urge el trabajo” y se limita la iniciativa de los empleados para encontrar espacios necesarios mientras se define dónde irán las cosas.
- Detenga la producción para escuchar planes para supuestos casos que además nunca han ocurrido en la empresa, y para atender revisiones médicas para el personal dispuesto a dar todo por la empresa “hasta que el cuerpo aguante”.
Probablemente esta lista no sea necesariamente aplicable para su caso. Si tiene duda, consulte con los empleados más listos de su organización, los que regularmente terminan antes porque saben como ahorrarle tiempo y dinero a la empresa “colocando un poco menos para hacerlo más rápido”, los que conocen el tema de las sesiones de capacitación desde antes porque “es cuestión de lógica” y a los que les dura más el uniforme y el equipo de protección porque “solo se usa en las vistas de inspección”.
Si usted ha encontrado la forma de justificar la presencia de los jefes de seguridad en el trabajo en las empresas –o la forma de eliminarlos-, el autor agradecerá cualquier aportación en aras de establecer los principios para la operación de empresas esbeltas y modernas orientadas a lo importante: producir.
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